Monday, February 05, 2007

Pare de sufrir

Sigo fielmente intentando cumplir mi propósito del 2007 de ser una damita y no una dramita. Así que me tomé estos primeros días de febrero para volver a asentarme en la paz (por un momento perdida) que reinaba en mí.

Entonces llega el Viernes (disfrazado de Sábado) y cuando eran ya las 10 y media de la mañana y yo me revolcaba en el jardín con mi Jogis mientras estaba el desayuno listo, llega la comandanta de mi hogar a preguntarme porqué no estaba en la oficina, a lo que respondí lo obvio “porque es sábado” y a lo que me rebatió “no Meli, es viernes…”. Del pasto de mi jardín a la oficina hice 25 minutos pasando por la ducha fría, vestido express, rímel contra agua y suéter on the go… Suerte que era día de la candelaria y estaban todos comiendo tamales a la entrada; me vieron llegar hasta con la plancha de pelo en la mano. En fin… Ya pintaba para ser un día difícil, pero cuando llegué a comer a la cantina para despedir a Rubí me olvidé de todo, bebí lo que pude (y lo que no también), lloré por la melancolía que me daba pensar que se iba, por mis 3 años en EMI (que ese día cumplí), por los buenos recuerdos y ya de refilón por el entierro de aquel bipolar. 1 botella de vodka para Rubí y otra para mí, a mano! La noche acabó como estaba prevista: las dos abrazadas llorando deseándonos lo mejor afuera de mi casa, ahogadas… Drama de más… porque no es como que se va de este mundo, solo se cambia de trabajo.

Y llega el sábado (ahora sí) y con él mi Mamá (que no había visto en toda la semana porque estaba de viaje) con mi desayuno en bandeja (huevos rancheros bien picositos, jugo de toronja y frijolitos) y tres bolsas GRAAANNDEESSS con regalos para su princesita (yo) a quien no le había dado su regalo de cumpleaños. (Oficialmente con ese acto de amor alargó mi estancia en esta casa mínimo 1 año más).

Volví a tener 9 años, cerré los ojos mientras mi mamá iba sacando los regalos como en los viejos tiempos. Cuando los abrí, no lo podía creer… no era uno, ni dos, ni cinco ni diez, sino 15 conjuntos de lencería DI-VI-NOS, 4 pijamas, 2 camisones, un perfume y una bata… Ahhh!! Madre solo hay una!!!! Con lo cual llegué a una increíble conclusión que me levantó automáticamente la autoestima: “Pendejo aquel que me ha dejado ir y no va a disfrutar esto”. Y así siguió un sábado increíble culminado con un cinito con Rafa, un domingo “Pitukero” (jugando Rummy, tomando café y pizza de Nutella) y un lunes feriado de frío, lluvia, caminata por el Parque España y brownies de ensueño de limón.

Así las cosas… Evidentemente mi vida no es una tragedia en lo más mínimo, por lo que he parado de sufrir… Es justo y necesario!

2 comments:

Anonymous said...

Ya no sabes ni en que dia vives mujer, habra q regalarte un reloj de esos viejos con calendario

=P

W.J. Porter said...

Unicamente recuerdo una tragedia en tu vida, todo lo demás clasifica como melodrama. Y no te doy más de 8 meses en esa casa. ¿Cómo va ese bajo? Bum bom bum bom BO BO BOBO boooooom... Jejejejejeje